Deslocalización Tecnológica

deslocalización tecnológica

Estas semanas, en el Blog Samón, hablan largo y tendido sobre un concepto que en este blog de economía y finanzas ya habían tratado previamente: la deslocalización tecnológica.

Los autores de estos artículos mencionan esta deslocalización tecnológica como el talón de Aquiles del sistema económico y productivo occidental. Y exponen cómo la crisis de la COVID-19 no ha hecho más que demostrar este gran fallo de los países desarrollados.

¿Y qué es la deslocalización tecnológica?

Este concepto hace referencia a la estrategia económica que implica el traslado de la producción a otros países en estado de desarrollo. En este caso en concreto, el sector productivo “trasladado” sería todo aquel relacionado con el software, el hardware y desarrollo tecnológico. El fin último de esta deslocalización es abaratar los costes de producción.

No obstante, ante una crisis sanitaria como la que hemos vivido, se ha evidenciado el peligroso doble filo de la deslocalización tecnológica. Ya que, como bien sabréis, no es oro todo lo que reluce.

Desventajas obvias de la deslocalización tecnológica

Además de los obvios beneficios que implican la deslocalización en países en vías de desarrollo, una serie de importantes desventajas que iluminan la fragilidad del sistema que se ha construido en los últimos años se han hecho patentes durante la crisis del coronavirus. Por una parte, la obvia falta de suministro de útiles esenciales para la salud de la población como mascarillas y respiradores.

Por otra, la incapacidad de los grandes tecnólogos de occidente, como Sillicon Valley, de innovar y utilizar la tecnología para hacer frente a una emergencia como la vivida. Y es que el hecho de deslocalizar los sectores de producción también ha esterilizado las capacidades de innovar en el sector. La construcción de los mecanismos, de la base, otorga un conocimiento del sector y del cómo funcionan los engranajes de la maquinaria que permiten, a su vez, la creación e innovación sobre los mismos.

Por tanto, el hecho de tener casi toda nuestra producción en deslocalización -ante el cierre de fronteras- no sólo ha demostrado cómo occidente se ha quedado sin abastecimiento para asegurar el estado de bienestar de su población; si no que también nuestra incapacidad de crear.

¿Nos hemos cortado las alas?

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