La Tecnofobia, la privacidad y el avance

protección de datos

El empleo indiscriminado de nuestra intimidad para generar un beneficio económico, ha de tener necesariamente implicaciones a nivel individual y grupal.

Esta semana, hemos decidido dedicar el Blog a una pequeña disertación sobre los efectos secundarios que tiene el uso de nuestra privacidad por parte de las grandes corporativas a nivel social. Y es que, evidentemente, el empleo indiscriminado de nuestra intimidad para generar un beneficio económico, ha de tener necesariamente implicaciones a nivel individual y grupal.

Ante las noticias que se han publicado esta semana, entre las que destacan el micrófono encontrado en el robot de cocina de Lidl, la función de Alexa de borrar todas nuestras conversaciones de un día concreto (porque las puede llegar a grabar) o la prueba del 5G en España y los conflictos geopolíticos que implica, parece ser que nuestra privacidad se ha convertido en tema de interés.

Como hemos comentado anteriormente en este Blog, la tecnología y su avance implican ciertas consecuencias de las que, al menos hasta ahora, no éramos muy conscientes. Como, por ejemplo, el tema que nos trae hoy aquí: nuestra privacidad.

Bastante hemos tardado en darnos cuenta de que aparatos, como el smartphone, que hemos incluido en nuestras rutinas diarias tendrían un segundo uso a nivel corporativo: saber dónde estamos, qué escuchamos, qué nos gusta, qué comemos…Convertirnos en poblaciones estudio de marketing sin nosotros habernos enterado y sin que nos beneficie de ninguna manera. Hemos, prácticamente, intercambiado nuestros datos por servicios que probablemente no tengan el mismo valor comercial.

El avance tecnológico tiene grandes beneficios para todos nosotros; sólo hay que saber qué emplear y cómo por nuestra propia seguridad.

No obstante, por lo que hemos podido observar en los últimos meses, se ha despertado ese temor, curiosidad o consciencia de que nuestros datos han sido utilizados cuando nosotros, los usuarios, no teníamos muy claro que los estábamos proporcionando, siquiera. Se ha extendido el saber de que muchos dispositivos tecnológicos nos espían para obtener beneficios económicos; bien vendiendo dichos datos a quién pudiera interesar o para diseñar productos nuevos. Y, suponemos, otros varios usos de los que no sabemos nada.

De hecho, este miedo fundado puede revertir en efectos negativos a la hora de introducir y aceptar el progreso. Los expertos ya hablan de la tecnofobia, y de cómo esta misma podría alentar crímenes terroristas. Ha surgido una especie de preocupación a nivel social que puede llegar a repercutir en las grandes compañías y en cómo se obtienen datos (probablemente, una de sus fuentes primordiales de ingresos). También puede tener consecuencias en relación al uso que hacemos de los aparatos tecnológicos.

Por esta razón, varias compañías ya están dando el giro a promocionarse como el “device” seguro o la último hit en seguridad. No obstante, nosotros creemos que las grandes empresas, como Amazon, no dejarán tan fácil el juego de la información y recopilación de datos. Principalmente, porque todos los avances tecnológicos que se vienen (5G, Internet de las Cosas…) prometen diversos beneficios tanto directos e indirectos para estas compañías. Y, como sabemos, los datos son el arma de hoy.

Por ello, os recomendamos seguir on tune en relación a todo el tema de privacidad y consentimiento cada vez que empleéis un dispositivo digital. Pero es importante que no cunda el pánico: el avance tecnológico tiene grandes beneficios para todos nosotros; sólo hay que saber qué emplear y cómo por nuestra propia seguridad.

Debemos aprender a manejar la tecnología, no demonizarla.

Al fin y al cabo, la vida hoy en día sería incomprensible sin el teléfono GPS o sin la inmediatez en las comunicaciones que permiten aplicaciones como Whatsapp. También, propondría un desperdicio rechazar las aplicaciones tecnológicas más interesantes, no sólo a nivel médico, también ambiental y empresarial.

Es por ello que, como usuarios, debemos intentar entender qué implica y a qué nos arriesgamos ante el uso de nuestro smartwatch, por ejemplo. Y ante esa información, saber rechazar acuerdos de privacidad, entender qué derechos tenemos y luchar por un uso más sano y menos perjudicial para nuestra sociedad.

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